Naturaleza Jurídica de los Tokens


En una de nuestras recientes publicaciones, abordamos el tema de tokenomics, a través de las cuales se busca facilitar las transacciones de ciertos productos y/o servicios, mediante el uso de tokens, en adición a la posibilidad de poder otorgar mayores beneficios a los clientes, usuarios o adquierentes de dichos tokens, con la generación de comunidades o mercados secundarios, no obstante lo anterior, debemos tener presente que a la fecha, no hay claridad en nuestra legislación actual, respecto al tratamiento legal que se les debe dar, así como tampoco a las operaciones que sean “tokenizadas”.


Con base en ello, es importante aclarar que la definición de “Activo Virtual” que dispone el artículo 30º de la Ley para Regular a las Instituciones de Tecnología Financiera (Ley Fintech), pude quedarse “corta” cuando hablamos de tokens, ya que éste último es un concepto mucho más amplio, por lo cual, es importante conocer a detalle la forma en la que operan, para con ello poder determinar su naturaleza jurídica y la estrategia legal aplicable.


Para empezar, es necesario tener claros los siguientes puntos:


El valor de un Token, dependerá del valor de otro activo (con la excepción de los denominados “autoglyphs”, siendo aquellos que contienen una obra o creación programada dentro del mismo token), debido a que estos en realidad son una serie de instrucciones programadas encódigo, bajo la modalidad de “Smart Contracts”, las cuales serán ejecutadas dependiendo de las condiciones con las que haya sido programado.

Por otra parte, utilizan tecnología Blockchain para poder circular e intercambiarse, y la razón es debido a que esta tecnología, se puede asimilar a un gran libro de registro digital, el cual nos permite tener un control certero y transparente de los movimientos que se realicen en ella, siendo la encriptación, inalterabilidad y descentralización, algunos de los atributos que la hacen una tecnología confiable.

Ahora bien, una vez hecha la distinción entre el token y el activo o derecho spobre éste que representará, nos da la posibilidad de indagar en los derechos que se transmiten a través del token.

Primeramente, y si consideramos el token como una serie de derechos digitalizados sujetos a una condición suspensiva o resolutoria, dependiendo de lo que queramos programar y transmitir a través de éste, tal vez podemos estar frente a una declaración unilateral de la voluntad, en la que al momento en que surge una parte que acepte los términos ahí programados, mediante una aceptación tácita por el hecho de adquirirlos, posteriormente se convertirá en un acuerdo de voluntades o contrato, mediante el cual una parte decide ceder los derechos sobre cierto activo que tiene bajo su control o propiedad, para que un tercero los adquiera y pueda explotarlo, sin comprometer la propiedad del activo en sí mismo.

En palabras más sencillas, al adquirir un token, se adquiere una ficha electrónica intercambiable dentro de una red privada, la cual trae aparejada un derecho de usar o explotar cierto activo físico o digital.


Con base en lo anterior, debe existir una regulación endógena y exógena del token, para que, por un lado, garantice la validez del token, y por el otro, para que el adquirente, pueda ejercer sus derechos de manera segura y sin mayores fricciones que las necesarias para acreditar que la persona que está solicitando ejercitar los derechos encapsulados en el token, sea la que tiene derecho a hacerlo.

Finalmente, podemos concluir que el token, en este momento de su regulación, tiene similitud a un título accionario digitalizado, o bien, a un usufructo, instrumentado de manera digital si es que trae aparejado un derecho para usar y disfrutar de la cosa, o en su caso, un mutuo con interés, con garantía prendaria, si para lo que fue programado conlleva dar a cambio un interés o rendimiento.

Ahora bien, ¿Qué es lo que se está “tokenizando”? ¿Un derecho real, un derecho personal, el bien en sí mismo?, ¿Son o no transmisibles?


Conforme a lo expuesto, podemos inferir que la tokenización es:

“Un proceso mediante el cual es posible digitalizar la representación de un derecho sobre un bien presente o futuro, asentado en un registro digital (blockchain), con la finalidad de generar diversas partes y derechos sobre el activo, de los cuales se emiten los denominados tokens.”

En este orden de ideas, para efectos legales, un token puede representar, en función de la condición con la que haya sido programado:


A) Un derecho real o bien,

Hacen referencia al poder inmediato y directo que se tiene sobre una cosa.

B) Un derecho personal (relacionado con derechos que requieren de una persona para cumplirse),

Se refiere a la facultad que tiene una persona (acreedor) de exigir a otro ya sea una acción de dar, hacer o no hacer.

OJO, es importante tener claro que el hecho de que decidas emitir tokens, no significa que estés transmitiendo la propiedad sobre tu proyecto, pero para lograrlo, es importante que cuides con convenios y contratos la forma en que ejecutarás la operación, por eso no dejes de lado consultar a un abogad@.

Con base en lo expuesto, podrás darte cuenta que, la tokenización es un proceso legal digital, que si bien no está localmente regulado, no significa que no provoque consecuencias legales, a las cuales se les debe dar el tratamiento correspondiente para acreditar el cumplimiento y buena fe ante la revisión de cualquier autoridad o institución, a la cual debas acreditarle el cumplimiento legal de tu tokenización.


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