• Mauricio Ocampo

Smart Contracts...ni contratos, ni inteligentes.


Cuando escuché de los smart contracts, y que estos eran elaborados por programadores, en un primer momento, vi venir un posible desplazamiento de los abogados por la tecnología en el tema contractual, lo cual me causaba un poco de conflicto, ya que la técnica y conocimiento que conlleva elaborar un buen contrato, requiere de años de estudio y otros tantos de práctica para detectar todos los posibles escenarios y consecuencias que estos pueden generar, de hecho, las negociaciones más arduas se dan alrededor de estos, pero rascando un poco más el concepto, pareciera que los contratos inteligentes fueron denominados así por una cuestión de practicidad e identificación sencilla en el ecosistema blockchain.

El concepto de los smart contracts, surge en los 90s gracias a Nick Szabo, quien elige el lenguaje de programación como el medio para automatizar el cumplimiento de determinadas consecuencias bajo diversos escenarios, haciendo uso de Árboles de Merkle y replicación de tolerancia a fallos bizantinos, y se consideró que existía un contrato debido a que había una parte que aceptaba las condiciones de otra parte (código), las cuales se daban de forma automática derivado de la programación realizada, a lo cual se le denominó “Smart”.

Un contrato inteligente se caracteriza por ser autoejecutable, una vez que se ejecuta no se puede detener, inmutable no puede ser modificado, borrado o censurado y autoverificable por sí mismo es capaz de auditarse. Se crea y surte sus efectos en una cadena de bloques y no requiere de la participación de intermediarios para su ejecución.

Bajo esta tesitura, estos programas parecieran contratos “de adhesión” (aquellos que son elaborados por una sola parte y una vez aceptados por la otra parte, no admiten modificación o aceptaciones parciales de sus condiciones, es decir, la parte que lo acepta, se adhiere a su integridad, sin participar en su elaboración) que se perfeccionan automáticamente cuando se cumplen las variables establecidas a través de la programación, respecto a determinada operación.

Sin embargo, atendiendo la definición de contrato, existen algunas diferencias, ya que entendemos por éste “como el acuerdo de voluntades que crea o transmite derechos y obligaciones a las partes que lo suscriben”, y aquí lo primero que hay que destacar es que sólo hay una voluntad y la otra es una instrucción programática que “dispara” o genera las consecuencias si se dan la combinación de variables establecidas previamente a través de la programación correspondiente. Y aquí la primera zancadilla al uso, desde mi perspectiva, erróneo del término “Smart contract”, ya que si la programación que le da origen al Smart contract tiene errores, no hay otra parte a la cual responsabilizar, simplemente se pierde el dinero, bien o servicio que se acordó adquirir a través de dicho programa, en todo caso, podría haber una reclamación a la empresa o plataforma base sobre la cual se realizó la operación, pero es punto y aparte y no forma parte del mal llamado “Smart contract”.

Diferente es cuando un contrato se migra a lenguaje de programación y es éste el que se encarga de su cumplimiento, a este tipo de contratos se les denomina ricardianos:

“Un contrato digital que define los términos y condiciones de una interacción, entre dos o más partes, que está firmado y verificado criptográficamente. Es importante destacar que es legible tanto para los humanos como para las máquinas.”

Hasta aquí surgen 3 conceptos que suelen confundirse entre ellos:

  1. Smart contracts (contratos inteligentes): son códigos de software cuyas condiciones se programan previamente a su ejecución automática y no pueden ser detenidos.

  2. Contratos digitales: aquellos contratos que se elaboran y aceptan través de medios digitales.

  3. Contratos Ricardianos: contrato digital, entre dos o más partes, que se firma y verifica de manera criptográfica.

Finalmente, algunas diferencias que hay entre los contratos inteligentes y ricardianos son:

a) Los ricardianos tiene validez legal, los inteligentes no, al menos que se diera una homologación;

b) Los contratos inteligentes nos son legibles por personas que no sepan de programación, los ricardianos son legibles para máquinas y personas;

c) Los ricardianos pueden ser utilizados para cualquier tipo de acuerdos, los inteligentes tienen uso limitado;

d) Por último, y la más importante, el ricardiano tiene como base un verdadero contrato y el smart contract es código en espera de generar consecuencias programadas.

Seguramente, con el paso del tiempo y a la velocidad que lleva el tema del legaltech y cyberlaw, los contratos inteligentes serán medio o base de los ricardianos, o viceversa, pero por el momento hay claras diferencias entre un contrato digital, ricardiano e inteligente.

Agradezco mucho tu tiempo de lectura, y por favor, deja tu opinión, ya que estos temas adquieren mucha mayor relevancia con tus comentarios y puntos de vista.

#LegalTech #Fintech #blockchain